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¿El fin de una era? Vision Pro, según se informa, se detiene ante el declive de la computación espacial de Apple.

A poco de empezar 2026, surgieron noticias preocupantes: el Vision Pro de Apple podría estar en sus últimas. Tras informes previos de Bloomberg que indicaban que Apple había cancelado sus planes para una versión "Lite" más asequible, un nuevo rumor de una fuente de la industria sugiere que la compañía prácticamente ha cesado el mantenimiento del Vision Pro. En resumen, el dispositivo ha entrado en una semiparada de producción, con solo una capacidad mínima y líneas de componentes activas para atender futuras necesidades de mantenimiento.

De ser cierto, esto marcaría el fin del Vision Pro, al menos durante los próximos dos o tres años. El dispositivo, considerado en su día el inicio de la "era post-iPhone", ha pasado de ser la estrella del futuro de Apple a un simple "diseño de referencia" en el laboratorio en menos de dos años desde su lanzamiento, un hecho realmente preocupante. Al mismo tiempo, informes indican que el enfoque de I+D de Apple ha cambiado drásticamente de las gafas inmersivas a las gafas ligeras de realidad aumentada (RA), asestando un nuevo golpe al ya de por sí débil mercado de la realidad aumentada (XR).

Fuente de la imagen: Wikipedia

El fracaso de Vision Pro, ¿tiene su raíz en la “arrogancia”?

Al repasar la trayectoria del Vision Pro desde 2026, su lanzamiento se percibe menos como un nuevo producto y más como una demostración de fuerza tecnológica. El dispositivo en sí nunca pareció destinado al público general, sino como un producto experimental ensamblado con hardware costoso, independientemente de su precio. Con un precio de lanzamiento de 3499 dólares en EE. UU. y 3999 euros en la UE, el Vision Pro estuvo fuera del alcance del consumidor promedio desde el primer día. Apple intentó posicionarlo como una "herramienta profesional", pero la realidad era que carecía de la productividad o la experiencia única que justificaran su precio. Por el mismo precio, los consumidores podían adquirir una estación de trabajo de gama alta para una mejora considerable de la eficiencia o un televisor insignia de 100 pulgadas para una experiencia de entretenimiento familiar inigualable.

Fuente de la imagen: Apple

El Vision Pro ofrecía un escritorio virtual llamativo pero limitado, y algunos vídeos inmersivos bien producidos que perdieron su atractivo tras una sola visualización. Los escenarios de productividad mostrados en el lanzamiento resultaron, en la práctica, menos eficientes que un simple ratón y teclado. Esta alta barrera de entrada aisló no solo a los usuarios, sino también a los desarrolladores. La experiencia del desarrollador se vio obstaculizada por severas restricciones de privacidad que impedían el acceso directo a la cámara y solo proporcionaban datos ambientales simplificados a través de API, lo que obstaculizaba la innovación. Además, la interacción de seguimiento ocular, aunque inteligente, causaba fatiga ocular rápida, lo que lo hacía inadecuado para el trabajo prolongado. La identidad del dispositivo era confusa: como herramienta de productividad, sus métodos de entrada eran ineficientes; como dispositivo de entretenimiento, su ecosistema cerrado, su diseño voluminoso y sus exigentes requisitos de vídeo lo dejaban rezagado respecto a competidores más asequibles como el Meta Quest.

Fuente de la imagen: Apple

Quizás el error más grave fue el intento de Apple de construir su propio ecosistema exclusivo de XR desde cero. Al no ofrecer compatibilidad nativa con estándares maduros como OpenXR e impulsar sus propios RealityKit y ARKit, Apple creó un círculo vicioso: "sin apps, sin usuarios y, por lo tanto, sin apps nuevas". Los desarrolladores no estaban dispuestos a reconstruir aplicaciones para una base de usuarios pequeña, especialmente sin compatibilidad con mandos, un estándar para todas las demás plataformas principales de XR. La insistencia de Apple en la interacción con la mano, los ojos y la voz como *único* método de entrada fue un error crítico que impidió a los usuarios elegir. En definitiva, el error de Apple fue su arrogancia: imponer un concepto futurista en unas gafas caras antes de que la tecnología madurara, guiados por una lógica de "avanzar por avanzar" que ignoraba las realidades prácticas del mercado.

Fuente de la imagen: Meta

El avance del Samsung XR, ¿logrando lo que Apple no pudo?

Mientras Apple se retiraba, su rival Samsung intervino con el Galaxy XR a finales de 2025. Este dispositivo insignia, una colaboración entre Samsung, Google y Qualcomm con Android XR, se consideraba el sucesor más probable del Vision Pro. Sin embargo, también adolece de los mismos problemas fundamentales: un uso incómodo, un precio elevado (incluso a la mitad del de Apple) y la ausencia de una aplicación revolucionaria. Su principal ventaja es el acceso a la amplia biblioteca de aplicaciones de Android XR, lo que garantiza que los usuarios tengan contenido desde el primer día. También integra la IA multimodal Gemini, una función de la que carecía el Vision Pro en su lanzamiento. A pesar de ello, su posición es precaria. Con un precio cuatro veces superior al del Meta Quest 3, es difícil justificar el coste de lo que es esencialmente una versión de mayor resolución de su competidor. El ecosistema de Android XR también sigue fragmentado, lo que dificulta que los desarrolladores logren la perfecta integración de hardware y software que es el sello distintivo de Apple.

Fuente de la imagen: Samsung

Conclusión

Desde la perspectiva de 2026, el fracaso del Vision Pro marca el fin del primer gran intento comercial de un dispositivo de computación espacial "todo en uno". Pero esto no significa una derrota total para Apple en el sector de la realidad aumentada (XR). En cambio, es una lección multimillonaria: incluso la tecnología más avanzada está condenada al fracaso si ignora las necesidades de los usuarios y las realidades del mercado. Mientras Apple se prepara para lanzar gafas de realidad aumentada (RA), podría adoptar una estrategia más cautelosa, centrándose en las fortalezas de su ecosistema mediante la creación de una integración fluida entre el iPhone, el MacBook y el iPad. La pregunta sigue siendo si Apple podrá ofrecer el dispositivo revolucionario que consolidará su liderazgo en la era post-iPhone. Solo el tiempo lo dirá.

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